Definitivamente a mí me paraliza la navidad. Me abruman las luces, los colores, el frío, los abrigos, la gente corriendo y las ganas de todo el mundo de comprar y juntarse y comer... y esto hace que cada vez tenga menos ganas de comer, correr, juntarme y disfrutar de luces y colores en esta época.
Cada vez empieza antes, esto es un hecho. Lo marca el corte inglés y el ayuntamiento de turno con su invasión de bombillas. Por tanto cada vez estoy más tiempo paralizada, abrumada y culpando al frío ¡qué culpa tendrá el invierno de esto!
Lo malo de esto es que alguien me dijo hace unas semanas algo así "este año tienes un motivo para disfrutar de estas fiestas, tu pequeña"
Desde entonces tengo menos ganas y más agobio por encontrar la parte positiva. No quiero que viva esto pensando en regalos, en realidad no me apetece que lo viva de ninguna manera especial, ella decidirá si quiere celebrar la navidad como la fecha más importante del cristianismo o como parte de las personas que compran compulsivamente, se quieren compulsivamente y comen compulsivamente en estas fechas más que en otras o simplemente, como su madre, sin tener nada especial que celebrar en estos momentos.
Pero claro, eso es lo que a mí me apetece. A mi hija, que tiene dos años, creo que le apetece otra cosa.
Se asombra, grita y salta con cara de ilusión frente a un gran árbol de colores -y de plástico- que han puesto cerca de nuestra casa; todos los días nos tenemos que parar a verlo un buen rato. Ha dejado los libros, que antes adoraba, y los ha sustituido por los catálogos de juguetes que aparecen en el buzón, en el periódico, en el cole y en cualquier parte. Quiere un muñeco rojo y con barba porque no sé quién le ha dicho que 'es un señor que trae regalos a las niñas buenas y pequeñas, que se llama santa claus' y lo remata diciendo 'tendremos que comprar uno mamá'. En el cole tiene función de navidad y se tiene que disfrazar de pastora, además están ensayando y me canta todos los días -varias veces- 'campanas de belén' (pese a que es un cole de educación infantil de primer ciclo y laico y que ya comentamos el año pasado que buscaran alternativas al belén y al villancico)...
Total, que a ella le encanta esto. Lo va a vivir intensamente, lo de que se les ilumina la cara es cierto y no sé si voy a tener fuerzas para frenar esta ilusión y para evitar que se dispare. Pero tampoco encuentro en esto el motivo para disfrutar de estos días, disfruto con su cara ¡eso mucho! pero no con la que se lía alrededor.
Y claro... muchas preguntas rondando: ¿En qué momento se pierde esta ilusión? ¿En qué momento una niña o un niño están preparadas para conocer el significado de este derroche de luces, consumo, energía, buenos propósitos...?
No tengo respuesta para ninguna de las dos. Lo que tengo claro es que no es momento, aún, de que Carmela lo entienda... ya llegará!! y lo que también tengo claro es que hasta quienes decimos que no es una fecha especial llenamos esta fecha de cosas especiales en un sentido o en otro ¡un lío!
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2 comentarios:
Jo, Arancha, a mi me está pasando exactamente lo mismo con mi hijita Maia... A veces, estos días, nos mira con una carita rara y una media sonrisa cuando estamos con "cosas" de la Navidad.
Creo que igual piensa: ¿serán mis padres, abuelos, etc. unos marcianos?... Y seguramente lleva razón, para ese su mundo que, poco a poco, va descubriendo.
Dani
Hola Dani,
Está claro que todo cambia con las peques alrededor.
Me acaban de refrescar un capitulo del principito, cuando el zorro está pidiendo al principito que le domestique.
El zorro le cuenta al principito que es un rito o una tradición y por qué es necesario. Le dice que es lo que hace que un día no se parezca a otro día, y que como él sabe que los cazadores descansan los jueves para ir al baile ese día puede pasear hasta la viña, que por eso son dias maravillosos.
Total, que es algo que me ha hecho repensar.
el caso es no dejar tranquila la cabeza ;-)
Un besote Dani, para tí y para Maia.
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